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De horas trabajadas a medición de resultados: la covid-19 ha acelerado el final de la jornada laboral de 9 a 5

Durante décadas, nuestros contratos de trabajo se han definido por la cantidad de horas que trabajamos. Es el momento de redefinir la productividad y cómo la medimos.

Tiempo de lectura: 4 minutos

Desde la Revolución Industrial, nuestros contratos de trabajo se han basado principalmente en una ecuación sencilla: cuantas más horas dedicamos, más trabajo hacemos y más nos pagan. Pero si bien esta relación entre la duración de nuestras jornadas laborales, nuestro salario y producción tenía sentido durante los tiempos en que la mayoría de la gente trabajaba en las fábricas, nuestras economías han avanzado mucho desde entonces. La llegada de la economía del conocimiento y de plataformas, respaldada por la revolución tecnológica, plantea preguntas sobre la definición de productividad y cómo se debe pagar a los empleados por su trabajo.

Para muchas personas en el siglo XXI, la vieja ecuación de trabajar más y lograr más ya no se aplica. El espíritu de hoy ha cambiado el enfoque hacia una mayor flexibilidad y el trabajo inteligente, dejando bastante lejos el concepto de equiparar la productividad con más horas. Y si bien estos cambios se han ido imponiendo gradualmente en nuestros lugares de trabajo y negocios durante los últimos años y décadas, la covid-19 los ha acelerado significativamente durante los últimos meses.

Las empresas buscan nuevas formas de trabajar: desde la semana de 4 días hasta jornadas laborales más cortas

Recientemente, las empresas han estado experimentando con la duración de sus semanas y días laborales. El año pasado, Microsoft en Japón ejecutó un proyecto piloto, acortando temporalmente la semana laboral un día completo. Las conclusiones de este experimento fueron alentadoras: una semana laboral de 4 días condujo a un aumento en la productividad de los trabajadores en un impresionante 40%.

Otras empresas han decidido hacer que estos cambios sean más permanentes. Una de esas empresas es Perpetual Guardian, una empresa de gestión de fideicomisos de Nueva Zelanda, que adoptó una semana laboral de 4 días en 2018 después de que su prueba mostrara un aumento del 20% en la productividad de los empleados y un aumento del 45% en conciliación laboral.

Del mismo modo, Blue Street Capital, una empresa con sede en California que gestiona la financiación de sistemas IT empresariales, decidió acortar la duración de los días laborales, en lugar de las semanas, a 5 horas diarias. David Rhoads, el director ejecutivo de la empresa, se inspiró en el éxito de Stephan Aarstol, fundador de una empresa de paddleboards, quien ofreció a sus empleados hacer el mismo trabajo en menos tiempo y mantener el mismo salario. Como resultado, la empresa batió un récord de ventas tras otro.

Por lo tanto, es seguro decir que la discusión sobre cómo medir mejor la productividad y cómo reorganizar nuestros días y semanas de trabajo para adaptarse al siglo XXI no es nueva. Lo novedoso es la aceleración de este cambio debido a la covid-19.

La covid-19 acelera el cambio en las jornadas de 9 a 5

Si durante los últimos años hemos experimentado un cambio gradual en el pensamiento relativo a la reestructuración de la forma en que trabajamos, la covid-19 ha sido un gran acelerador de este cambio.

A pesar de las difíciles circunstancias de trabajar estos últimos meses de forma remota, la pandemia del coronavirus ha llevado a un incremento en la productividad de las personas. Según nuestra encuesta global de 8.000 trabajadores, gerentes y directores ejecutivos, ha habido una mejora del 31% durante los confinamientos por la pandemia. Esto se ha apoyado en una serie de otros factores:

Primero, la gente ganó más autonomía. El 76% de los encuestados dijeron que tenían un control parcial o total sobre su horario de trabajo. Eso es un aumento del 21% de los niveles prepandémicos.

En segundo lugar, en los ocho países encuestados, incluidos Estados Unidos, Japón, Alemania e Italia, ha aumentado la demanda de mayor flexibilidad en el trabajo. Ya sea por su equilibrio entre el trabajo y la vida personal o por una mejora del bienestar, a los trabajadores les gustaría mantener la flexibilidad sobre las horas de trabajo y el horario y sobre cómo y dónde pueden trabajar.

Además, el 67% de los progenitores trabajadores agradecería que su empleador se adaptara a sus necesidades de cuidado infantil.

Cómo mantener esta mayor flexibilidad y productividad

Por todo esto, no sorprende que la correlación positiva entre una mayor flexibilidad y productividad se refleje en la forma en que las personas desean reestructurar sus contratos.

Nuestra encuesta global Resetting Normal: Redefiniendo la nueva era del trabajo muestra que más de dos tercios de los encuestados sienten que los contratos deben centrarse más en satisfacer las necesidades comerciales que en las horas trabajadas. Esto sugiere que los trabajadores quieren ser medidos más por sus resultados y logros que por su presencia en el trabajo.

Como consecuencia, tal demanda significaría cambios en la duración de nuestras jornadas o semanas laborales. De hecho, el 67% de los encuestados estuvo de acuerdo en que los empleadores deberían revisar la cantidad de horas que se espera que trabajen diaria o semanalmente los trabajadores.

La hora del cambio está aquí, debemos adaptarnos para mejorar la productividad

El mundo laboral está cambiando rápidamente y, con él, nuestras expectativas de cómo, dónde y cuándo queremos trabajar. La covid-19 ha acelerado muchos de estos procesos, incluida la forma en que definimos y medimos la productividad.

Durante décadas, la jornada laboral de 9 a 5 ha sido la norma y nuestros contratos se han definido por la cantidad de horas que trabajamos. Sin embargo, con la transformación de las economías, las empresas se verán sometidas a una presión cada vez mayor para adaptarse a los nuevos tiempos. Deberán adoptar la flexibilidad, dar a los empleados más autonomía y reestructurar los contratos de trabajo para reflejar las expectativas de las personas. La buena noticia es que esto no tendría que hacerse a expensas de su productividad, sino al contrario.

Fuente: adeccogroup

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